María Helguera

Álbum de familia

Museo de Cardedeu - Blog

María Helguera y la metáfora del aire

 

se ha de saber construir en el aire o hacer camino
al andar: ninguna eternidad garantiza
la solidez de nuestros sueños.
Nelly Schnaith*

 

 
De la necesidad de transfigurar emocionalmente el propio recuerdo y hacerlo coincidir con un colectivo humano cercano, es de lo que nos habla María Helguera. Construir y tejer las imágenes del contexto familiar tomadas desde una de las fotografías convencionales que todos conservamos en el Álbum de familia.  Pero no se trata de identificar quienes son (a diferencia de lo que hacemos con la deseada memoria de los álbumes guardados) sino de encontrar un nexo común, un hilo de evidencias que conecten lo concreto con una visión universal para coser los tiempos, las memorias, los conceptos, los sueños perdidos, las versiones desgastadas de todo lo que hemos vivido, de todo lo que ya no es, y así  reforzar lo que somos o tenemos hoy.
Evoca el sentimiento del recuerdo, el suyo y el de los otros, para proyectar el momento vivido a través de unas pinturas basadas en las herramientas de reconocimiento común a las dos culturas, a fin de establecer un puente entre su pasado lejano del país donde nació y el más inmediato del lugar de adopción.
Cuando María Helguera regresa de Argentina, recupera su álbum familiar y reconoce que nada es lo que aparenta, tal vez como en aquel precedente intuitivo pintado antes de viajar para la exposición Malevos y que se convertiría en portada del catálogo para Buenos Aires. La serie Vinieron a visitarme, a partir de las Meninas de Velázquez, como las fotos familiares, fue un retrato de familia que contiene muchas ambigüedades. Y es este misterio, la incógnita o la incertidumbre de lo que no es evidente en la fotografía, así como el objetivo de trabajar con la memoria (la suya, la cercana y la histórica, como es el caso de la familia Goebbels, aquel retrato realizado dentro de las convenciones burguesas que de ninguna manera hace presentir el trágico final del suicidio en el momento de la rendición de Hitler). Nelly Schnaith hace referencia a las iconografías típicas que disimulan, las que tienen que ver con las normas impuestas para detener un instante como si fuese un componente sólido para estructurar y garantizar la construcción.
El álbum de María es una vía para reencontrar la infancia y una época determinada: la de sus orígenes, cuando ella veía el mundo con una mirada limpia, inocente, sin carga de conocimiento.... Y recuerda la simplicidad de aquellas normas que todos debían seguir en el momento de construir  un retrato de familia: vestir bien, sonreír a la cámara... y en definitiva, mostrarse. El engaño de mostrarse cuando, a ojos inocentes, todavía no ha llegado la emergencia de las contrariedades. Y desde esta convergencia de visiones que nos encontramos en los retratos familiares, ella completa el trabajo cuando pide fotos a las familias, buscando la conexión de unos años determinados, los cincuenta, que se corresponden con su propio pasado, pero sobretodo la convergencia de una primera mirada, la de la infancia, que se conecta claramente con la de los niños de las escuelas de Cardedeu. Es su manera de abrir la mirada a la comprensión de un hecho, pero a la vez de unir sus dos mundos para complementar los registros subjetivos de un rescate emocional, de un rastro móvil que nos llevará hacia la metáfora del aire en su instalación.
Los retratos de familia son las versiones pictóricas de una percepción visual directa de las cosas, de unas imágenes que hacen referencia a la experiencia personal en relación a los otros: las familias, con el retrato como código, y los niños de las escuelas que dibujan la suyas con la libertad de la imaginación y del color, las de los amigos y de las personas cercanas que, también como contrapunto, buscan el contacto con la historia no vivida, así como las versiones de los niños que han hecho sus dibujos para la instalación. Seguir el rastro desde la distancia y la ausencia es una manera de reforzar las pequeñas muertes de la vida con la vida y de evocar las apariencias ocultas tras una sonrisa o una pose inocente.
Hay la documentación del instante y el sentido de pérdida que provoca el paso del tiempo con las ausencias, las dudas, las ambigüedades, las ironías...., siempre con la tensión de una energía que se funde entre la proximidad y la distancia, entre el reconocimiento y la extrañeza, cuando la memoria – propia o ajena- aproxima las diferentes realidades vividas, cuando la atmósfera pictórica disuelve el reconocimiento de la fotografía  para situarnos entre la aparición y la desaparición, entre lo que es y lo que no es. Ella no reproduce sino que actúa como intermediaria de las propias emociones, desde otra realidad que pasa por su propia memoria, entre lo que muestra la imagen de un tiempo y el gesto que construye.
María Helguera construye como este pájaro argentino, el hornero (rufous hornero), que tan solo se encuentra en Sudamérica, y la pareja se transforma en símbolo de la familia con la construcción de este nido en forma de horno de barro que, año tras año, nos muestra la fragilidad del tiempo vivido, así como la necesidad de renovar, porque tan solo lo utiliza una vez para generar vida. Y el núcleo de la instalación Arquitectos del Aire es precisamente un nido de estas aves, traído desde Argentina, donde vemos que estos arquitectos de la naturaleza son un reflejo de la arquitectura vital.
Antes de su viaje a Argentina, donde fue a exponer  Pasaje de ida y vuelta, escribí sobre el concepto de coser caminos de luz. Y sigue la metáfora con este álbum de familia y la instalación Arquitectos del aire, donde la acción de coser, de tejer, como ahora hace con estos dibujos sobre cartón de los niños de Cardedeu, se traduce en una atmósfera transitable, habitada por una multiplicidad de sentidos y de percepciones.  Frágil lo es todo: la fotografía de referencia, el soporte empleado por los niños a la hora de hacer los dibujos, la memoria... y, como le sucede al ave, nuestros caminos también son arquitecturas del aire. Se unen caminos de aquí y de allá con la relación de aquellos elementos que toman su sentido preciso en la convergencia de las diferentes capas de percepción, las capas que tejen la memoria con la arquitectura de la vida como metáfora.

Glòria Bosch

  *Nelly Schnaith/Cristina Santamarina, Una isla entre infinitos, Café Central i emboscall i H.AAC, 2007.

"Els Meus Pares" 2008 grafito sobre papel 65 x 40 cm.

"La familia Goebbels" 2008 tinta y aguada sobre papel 60 x 40 cm.

"Familia Castells" 2008 técnica mixta sobre papel 60 x 80 cm.

"Familia Coll" 2008 tinta y aguada sobre papel 60 x 40 cm.

"Familia Rouaix" 2008 técnica mixta sobre papel 62 x 80 cm.

"La familia Helguera en la playa" 2008 Tinta sepia y blanca sobre papel 60 x 40 cm.

"La familia Puig" 2008 técnica mixta sobre papel 116 x 82 cm.

"La familia Puig", detalle 2008 técnica mixta sobre papel 116 x 82 cm.

"Arquitectos del aire" 2008 Instalación, 200 cm. círculo móviles, y nido de hornero. Pieza sonora.

"Arquitectos del aire", detalle 2008 Instalación, 200 cm. círculo móviles, y nido de hornero. Pieza sonora.